domingo, 10 de abril de 2016

Noche Acida

Buenos Aires
Sábado 23:00
Av Belgrano y Pasco

Luego de tomarla, al cabo de unos minutos a entro en calor, me siento encerrada, mantengo la calma, aunque me siento ansiosa.

Nosotras, creíamos ser "burras" que en un lenguaje callejero hace referencia a quien no le agarran las drogas con facilidad. Ella toma un papel entero y yo la mitad, ella vomita un par de veces, la noto bastante pálida, pero sé que lo estaba pasando bien, porque su cuerpo así me lo transmite, las ansias terribles de jolgorio son determinantes.

 En la despedida de Anna nadie le dice nada acerca de su viaje, solo se limitan a preguntarle dónde estaría y si volvería, algunos van más lejos, indagan un poco más pero la conversación siempre se  va por las ramas. Anna se siente mal de que nadie le de un poco de aliento ya que a sus 20 años va a emprender un viaje por latinoamérica sola, continente totalmente nuevo para ella; me lo hace saber después de que le deseo toda la suerte del mundo, solo quise que el universo conspirara para que todo lo que pasara en ese tiempo y en esas tierras fuera fantástico para ella.

Fumamos cerca de 40 cigarrillos, por supuesto, en una cuenta que hicimos el día después de la fiesta. Nunca me agarran los ácidos como todo el mundo dice, que ven colorcitos, o cosas moverse, yo solo me siento muy <prendida> y risueña, de todos me burlo y mi sonrisa en la cara delata que estoy puesta, tengo que estar haciendo algo, quiero bailar hasta acabarme los pies, un francés con olor a sudor me saca a bailar, la música nos saca el ritmo mas natural posible, que engancha, que no te dejan parar.

Después de cinco horas de la primera ingesta, tomo la otra mitad, esta vez siento mas ganas de reirme, vitalidad y una visión mucho mas nítida de lo normal.

El alcohol se termina, y al querer juntar dinero me doy cuenta que todos son unos chiquillos, vienen de intercambio o en su defecto, por una temporada para salir del status quo del cual su región los atrapa hasta asfixiarlos. Nadie junta plata, pero todos quieren tomar.

Comparto con la mayoría, puedo conocer de donde vienen, que hacen, e intercambiar una que otra anécdota, todos tan diferentes, pero tan humanos, con lenguajes lejanos, pero con el mismo sentido, las sonrisas conectan, el deseo de conocer culturas también.

Miro el celular y me asusta la hora, 6 am y yo sin sueño pero cansada, como si mi mente quisiera quedarse y perderse con un cuerpo pesado que no para de decirme que me vaya. A ella le digo que mire la hora y su expresión me cuenta que comparte mis pensamientos, así que nos marchamos, tomamos un taxi porque seguramente el bus nos hubiera parecido un espacio denso, con una extraña presión sobre nosotras. Ella siempre habla con los taxistas, son como sus psicólogos momentáneos, disfruta de contar su vida y de meterle una que otra mentirilla para sentirse mas interesante, mas importante. Yo la adoro a ella, aunque repudio su actitud con ellos, escucharle diez veces la misma historia contada en versiones diferentes me agota.

Ya en su cama, me pica la garganta, no me para de picar, toso, esbozo, tomo agua pero nada me pasa, ella me regala un dulce de miel y me calma, luego, al cabo de unas horas, me sorprende el móvil con un "¡ultimo dia de pago de alquiler, abierto hasta las 13!" Regreso al mundo de los mortales, del que nunca me fui, aun habiendo escapado.