Un fernet con coca, le pidió al
barman, ella tomó el vaso y se fue a bailar.
La miraba. No era una noche como
las otras, era fría sí, pero era de esas que solo necesitás el abrigo para
salir y volver a casa, luces música, gente hablando, chicas en caños bailando,
era un lindo escenario porque ahí estaban ellas, con esos hermosos cuerpos de atuendos
eróticos que enloquecen a cualquiera.
Camila tenía un cuerpo
espectacular, le pregunte su edad pero creo que mintió, parecía más joven de lo
que dijo. Después de un rato de hablar con ella me di cuenta que era especial,
ella tenía un aura preciosa y cuando terminaba de hablar, lo hacía con una
sonrisa.
Compartimos un cigarrillo y descubrí
que era divertida, que aparte de ser sensual era chistosa, imitaba a la gente
cuando contaba las historias, sin perder delicadeza en sus movimientos que la hacían
ser simplemente dulce.
Le invite un trago y caí en
cuenta que era inteligente, como si supiera de antes el próximo paso a dar,
como si todo lo tuviera calculado, no había respuestas inexactas. No hablaba de
más, no hablaba de menos y sentía cierta intriga por saber lo que pensaba
cuando estaba en silencio.
Se paró a bailar, movía sus
caderas lentamente, pasaba las manos por su cuerpo y me miraba fijamente y sentí
como mi energía se enfocaba solo en una parte de mí, ella encendió la llama de
una forma que jamás podría decírselo, pues sabría que siempre tendría el
control de mí.
Fuimos al telo, ella tenía magia
en sus ojos y fuego en el cuerpo, transpiraba y gemía y me hizo conocer planetas
de los que no me había enterado su existencia, fue un trance intenso que no me permitía
saber si era del todo real.
Al terminar y ver su cara
somnolienta entendí que había sido un viaje de dos, que lo disfrutó tanto como
yo pero que también había sido uno más porque todo lo que ella necesitaba era
existir para que el universo le diera lo que deseara y claramente eso no era
yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario