Quisiera cambiar mis defectos, quisiera no tener, quisiera enterrarlos, incinerarlos, decantarlos, hacerlos bolita de papel y tirarlos, ahogarlos en agua salada o que se perdieran con el viento.
Quisiera tomarlos del cuello y mirarlos a los ojos ¿Por qué se ensañan en estar aquí, en perseguirme a donde quiera que voy, a dormir conmigo? La puerta está abierta para que se vayan, los grito, los echo a patadas y hasta los maldigo pero no funciona.
Solo me queda enfrentarlos y resignarme a que se queden, porque si se van como desearía, ¿Qué quedaría de mí? ¿Dónde quedaría la esencia de mi ser? Seguramente la vida en rosa no es lo que yo creo, tal vez si los abrazo, los beso y los guardo en el viejo cajón de atrás pueda vivir con ellos sin que me molesten, sin que sean los primeros en salir cuando algo sale mal, entonces que se queden allí sin estorbar ¿Y si los encierro bajo llave?
Aprisionarlos no hará nada más que peleen entre ellos y por lo que causará la eventual explosión del cajón. ¡Oh no! me compadecería de los que están a mi lado que coincidencialmente son esos que me aman y me cuidan y sinceramente los amo también. No merecen ser salpicados por tal fortuito accidente, si duda, merecen lo que yo ubico en primera fila.
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