domingo, 21 de enero de 2018

Ciclo de destrucción lenta entre dos personas enfermas

Llegué a casa en el 104, no recuerdo como bajé del autobus, pero recuerdo bien cuando abrí la puerta de casa, me costó un par de minutos pero lo logré. Sólo pensar en que otro hombre la tocara, la besara y le hiciera el amor, me destrozaba entero, recuerdo que mi tristeza llegó al punto en que sentí como parte de mi pecho se deformaba, se desligaba y enardecía causándome un gran dolor, subi las escaleras furioso, quería que ella se diera cuenta de cuanto me dolía su traición, la tomé del cuello y la sostuve por un par de segundos insultándola y cuestionándole mis sospechas, pero ella solo se burlaba de mí. Luché contra mi ego y el instinto depredador que yo había alimentado, pero me vencieron y terminé por golpearla tan fuerte que quedó en el suelo, inconsciente.

De repente me vi envuelto en un lio policial y con la vecina, quien los había llamado, estaba tan fuera de control que poco me importó que me amenazaran con llevarme, mi único objetivo era que ella pagara por mis angustias, por robarme la tranquilidad y por burlarse de mi.

Como siempre pasaba, ella no quería verme, al otro día no contestaba llamadas ni mensajes y me enteré que estuvo hablando con la trabajadora social del hospital, la psicóloga de turno y la vecina. Yo estaba muy confundido y arrepentido, sabía que había actuado de una forma inaceptable y que merecía que no volviera a mi lado, pero la amaba tanto que no podía solo resignarme a perderla. Ella, eventualmente  comprendería que cuando bebo, los celos me ponen fuera de control pero que el amor que sentimos es mas fuerte que los problemas.

Nuevamente lo entendió, después de una de esas largas charlas ella quería estar segura de yo que no volvería a beber, ni a golpearla, ni a acusarla de tener relaciones con otros hombres. Se arriesgaba a ser juzgada por su familia, volver conmigo reflejaba ganarse el odio de su circulo social, pero ella era la única quien sabia como llevar mis ataques de ansiedad, quien me conocía realmente, sabía que yo no era una mala persona, que como todos, cometemos errores y así seguimos con el pacto de estar firmes hasta el final, prometí una vez más no volverla a golpear.


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